Quién no ha escuchado en estos tiempos sobre festivales de lectura en diferentes lugares y por diferentes motivos (aniversarios cerrados, eventos culturales o simplemente un lanzamiento de un éxito). Realmente es deslumbrante la cantidad de espacios y centros que promueven las lecturas y sobre todo de los libros en formato duro, o sea de libros de papel.
[important]Leer (del latín legere) es el proceso de percibir y comprender escritura, ya sea mediante la vista o el tacto.[/important]
En estos tiempos cuando se destinan grandes esfuezos por fomentar este sano hábito, muchas personas piensan que pasarse horas en esa bobería de “leerse un libro” o de “mirar una revista que no sea de moda o deportes” es perder el tiempo, otras impulsan desde sus puestos de trabajo o simplemente desde su vocación de promotor amateur (o sea que no cobra por hacerlo). Leer como dice un spot de televisión es incorporar fantasía a tu vida o conocimientos que no aprenderás por otra vía. Si bien es conocido que en estos tiempos donde las tecnologías de la informatica y las comunicaciones han impulsado que todo se aprenda de la manera más facil y que consultar un “librote” sea algo para académico empedernidos (alias los viejitos de las bibliotecas), se reconoce que cuando se domina el arte de interpretar una obra clásica o simplemente dar una respuesta convincente desde un niño inexperto a un doctor de ciencias, se asume que se ha leido bastante.
No es que ahora todos nos enfoquemos como manía de leer todos los días un librote y ya se empieza a conocer todo y darse aires de grandesa. Simplemente se bislumbra que en un futuro en vez de alfabetizarnos, tendremos que “lecturizarnos”, ya que en esos amigos de papel está el conocimiento de miles de seres humanos que contribuyeron al conocimiento global de la humanidad. Quizas la idea es de inculcar las lecturas según edades y según generos. hay muchos que nunca se han leido un libro de humor cubano sato y cuando lo leen lo disfrutan más que una serie de humor de las que se adquieren en los envíos.
Desde mi modesto sitio, exorto a esos que aún no disfrutan de este “mal” y si alguna vez pueden tener en sus manos un libro, leanlo y disfruten del placer de ver lo que el autor se propuso: la satisfacción de llevar con palabras las emociones al lector.





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